Los días lunes 10, martes 11 y miércoles 12 de agosto, el equipo de Entre Aulas desarrolló una intensa y enriquecedora jornada formativa en el Colegio San Francisco de Asís de La Florida. La intervención estuvo centrada en el Taller de Responsabilidad Penal Adolescente y Responsabilidad Afectiva, abarcando a toda la enseñanza media y respondiendo a la solicitud especial del establecimiento de adaptar e incorporar también a los quintos básicos.
Afrontar el desafío logístico de intervenir curso por curso permitió construir un espacio de confianza cercano y participativo. Liderado por Catalina Tapia, abogada y fundadora de Entre Aulas, y María Jesús Maturana, psicóloga infantojuvenil, la capacitación combinó el derecho educacional y la salud mental para concientizar sobre el impacto real de las acciones digitales y relacionales.

La perspectiva legal: Ley 20.084, la huella digital y la prevención de delitos
En el bloque legal se abordó el alcance de la Ley N.º 20.084 de Responsabilidad Penal Adolescente y los proyectos de ley que buscan endurecer las sanciones o modificar la edad de imputabilidad. A través de un enfoque preventivo, se analizó cómo ciertas conductas cotidianas en el entorno escolar o en redes sociales pueden cruzar la línea hacia hechos constitutivos de delito.
Durante las sesiones se profundizaron aspectos clave que todo estudiante debe comprender:
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Delitos comunes en el espacio escolar: Explicación legal sobre figuras como amenazas, lesiones, robos, hurtos, delitos sexuales, porte de armas y microtráfico.
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Internet no es un espacio sin reglas: La ilusión del anonimato y la idea de que "lo que pasa en redes no tiene consecuencias en el colegio" son falsas. Se enfatizó el valor de la huella digital, el uso de capturas de pantalla como prueba jurídica y los alcances del marco normativo sobre dispositivos móviles.
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Riesgos del mal uso de la Inteligencia Artificial (IA): Crear o difundir deepfakes, editar fotografías para humillar o sexualizar a compañeros/docentes o generar audios falsos son conductas de alto riesgo que generan responsabilidad legal y sanciones disciplinarias en el RICE.
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El peligro de las "funas": Se aclaró de manera tajante que las funas en redes sociales no constituyen un derecho ni una denuncia formal. Transgreden derechos fundamentales, transforman al emisor en victimario y pueden acarrear expulsión escolar, investigaciones penales e indemnizaciones civiles para las familias.

La perspectiva psicológica: Responsabilidad afectiva y bienestar digital
El módulo de psicología y convivencia social se enfocó en comprender que los vínculos y relaciones con otros implican un cuidado mutuo, tanto en el plano presencial como en el digital.
Entre los conceptos abordados de forma cercana con los estudiantes destacan:
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¿Qué es la responsabilidad afectiva?: Tomar conciencia de que las palabras, acciones u omisiones generan un impacto emocional directo en la familia, amigos, compañeros y pareja.
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Dinámicas relacionales nocivas: Se identificaron conductas dañinas en el noviazgo y la amistad como el ghosting, gaslighting, situationships o el control digital (exigir contraseñas o ubicación), diferenciando la preocupación genuina del acoso o la manipulación.
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Redes sociales y salud mental: Análisis de fenómenos como el FOMO (miedo a perderse algo), la presión por la validación externa (likes), la cultura de la comparación y la ansiedad provocada por la hiperconectividad.
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Resolución colaborativa de conflictos: Fomentar el diálogo, la mediación, la honestidad para establecer límites sanos y el acudir oportunamente al Equipo de Convivencia Educativa cuando una situación sobrepasa el espacio personal.
Un formato interactivo: Derribando mitos y realidades en el aula
El éxito del taller en el Colegio San Francisco de Asís radicó en su metodología interactiva y participativa. A través de dinámicas de "Mitos vs. Realidades", análisis de casos prácticos cotidianos y preguntas de reflexión, los estudiantes pudieron argumentar, cuestionar supuestos y llegar a sus propias conclusiones.
Intervenir directamente en cada sala de clases —adaptando el lenguaje desde los 10 hasta los 18 años— demostró que cuando la información se entrega con empatía y rigor técnico, los jóvenes asumen un compromiso real con su autocuidado y el de su comunidad.
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