Violencia escolar en Chile: por qué los detectores de metales no son suficientes

|Catalina Tapia

Una reciente nota de Emol reunió testimonios de expertos y cifras oficiales para retratar algo que muchos en el mundo escolar ya sienten pero pocas veces ven sistematizado: la violencia en los colegios chilenos no es un fenómeno puntual. Es una tendencia en crecimiento, y las respuestas que estamos dando podrían no ser suficientes.

Vale la pena detenerse en lo que revela el reportaje y, sobre todo, en lo que implica para quienes trabajan día a día en la gestión escolar.

Lo que dicen los números

El artículo cita datos de la Superintendencia de Educación que son difíciles de ignorar: las denuncias por convivencia escolar crecieron un 38% entre 2019 y 2023, y un 25% adicional en 2025. Las agresiones de estudiantes hacia docentes alcanzaron en 2025 su nivel más alto desde 2017. El fenómeno se extiende por 15 de las 16 regiones del país.

Frente a eso, sostener que se trata de casos aislados — como señala uno de los académicos consultados en la nota — sería negar una realidad que los propios equipos escolares viven a diario.

El debate que abre la noticia

Lo más valioso del reportaje no son las cifras, sino la tensión que expone: ante episodios de violencia graves, la respuesta inmediata suele ser instalar detectores de metales, revisar mochilas o activar botones de pánico. Medidas visibles, concretas y políticamente fáciles de comunicar.

El problema, como advierten varios de los expertos citados, es que ninguna de esas medidas resuelve las causas. Un tercio de los adolescentes chilenos presenta síntomas severos de depresión o ansiedad. El sentido de pertenencia escolar se ha debilitado. Y cuando la violencia no se aborda a tiempo, se normaliza.

Lo que esto significa para los establecimientos

Más allá del debate público, la pregunta concreta para directivos y docentes es: ¿qué podemos hacer nosotros? La respuesta no está en elegir entre seguridad y convivencia, sino en entender que ambas se construyen juntas, desde adentro.

Los equipos que conocen los protocolos vigentes, que trabajan la convivencia de forma preventiva y que cuentan con formación para gestionar situaciones críticas están en una posición completamente distinta a quienes deben improvisar cuando ocurre un incidente.

En Entre Aulas creemos que la formación es la herramienta más concreta que tiene una comunidad escolar para enfrentar este escenario. No como reemplazo de las medidas de seguridad, sino como lo que debería ir siempre primero: comunidades informadas, preparadas y capaces de actuar con criterio.

¿Tu establecimiento tiene los protocolos de convivencia actualizados? Podemos ayudarte. Contáctanos.